Por eso tal vez, escritores y poetas han hablado mucho de las mujeres bellas y elegantes... y han cantado a la mujer viendo solamente a esa clase de mujeres cuya femineidad es discutible. A esa “mujer” han visto solamente. Por eso escritores y poetas no han dicho la auténtica verdad acerca de la mujer. La mujer no es eso. No es vacía, ligera, superficial y vanidosa. No es lo que ellos han escrito: egoísta, fatal y romántica. No. No es como ellos la pintaron: charlatana y envidiosa. Ellos la vieron así porque no supieron ver nunca a la mujer auténtica que, por ser precisamente auténtica, se refugia silenciosa en los hogares del pueblo, donde la humanidad se hace eterna. Esa mujer no ha sido aclamada por los intelectuales. No tiene historia. No ofrece recepciones. No juega al bridge. No fuma. No va al hipódromo... Por eso he querido decir todas esas cosas. Así, yo le rindo mi homenaje ¡el mejor homenaje de mi corazón! a la mujer auténtica que vive en el pueblo y que va creando, todos...