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Espíritu Kolla en Isla de Cañas

No era la primera vez que viajaba al pueblo pero si era la primera vez que lo veía. Apenas hablé con él me di cuenta que era un hombre con una inmensa sabiduría. Sus gestos, sus palabras, su mirada transmitían paz,  equilibrio espiritual.                                                       
Su nombre es Festo Chauque, lo conocí en el Consejo Kolla de Isla de Cañas,  departamento de Iruya, provincia de Salta. Nos saludamos, me dio la bienvenida y hablamos distendidamente  mientras él ponía la pava sobre un calentador a las leñas que había improvisado al aire libre.


El sol estaba cayendo, el pueblo empezaba a enmudecerse cuando Festo Chauque comenzó a contarme que nació en Volcán Higueras, al igual que el 90 por ciento de los que hoy habitan Isla de Cañas; que en 1.960 llegó al pueblo junto a su familia, que eran trashumantes y que en noviembre se iban al cerro para arriar cabras y vacas y que  a esa actividad se la llama SACAS, costumbre que aún perdura.

Festo Chauque tiene 71 años,  estudió el profesorado de Ciencias Sociales en Buenos Aires, dio clases durante más de 30 años, luego estudió interculturalidad bilingüe; pasó por Cusco, Bolivia y Salta, fue presidente de la Biblioteca Popular “Cacique Viltipoco” y es autor de algunas publicaciones como “Canto andino” (2000); “Idioma quechua y cosmovisión andina” (2005), y “Corazón andino de cuentos y poesías” (2006). 
Actualmente, Festo, es miembro del Consejo Kolla de Ancianos, de la Academia de Quechua en Cusco y se dedica a la cosmovisión. También es defensor de la conservación de la biodiversidad y del equilibrio ecológico en el planeta.                                            

El Consejo Kolla de Isla de Cañas pertenece a Fincas Santiago y según nos cuenta Festo Chauque, en esa Finca hay cuatro comunidades kolla: Colanzuli, Volcán Higueras, Isla de Cañas y Río Cortaderas.     En ellas habitan 3.000 personas que trabajan la tierra para subsistir.                                                                                                                               
Los kolla lucharon en Finca Santiago para que les dieran esas 125.000 hectáreas de tierra en las que  sus antepasados habían vivido durante once milenios. Finca Santiago tenía dueño, un dueño que no era kolla y desde 1.650 las comunidades de la zona fueron dadas en encomienda a españoles, y terminaron bajo el dominio del marqués de Yavi. Estas comunidades podían trabajar la tierra de la que sólo tenían la posesión ya que la dueña era la corona española, por eso se los obligaba a pagar un alto tributo al marqués.
En 1.930  la Finca Santiago fue comprada al estado por Patrón Costa, dueño del ingenio azucarero San Martín de Tabacal, y sus habitantes eran considerados también como parte de la propiedad. Como dice Festo Chauque, sus abuelos contaban que los empleados de Patrón Costa se llevaban para el ingenio a los kolla, con látigos y armas de fuego: “antes de cada zafra su tarea era recoger todos los indios que le debían servicios laborales al patrón y cargarlos en carretas de ganado para ir a las plantaciones”. A cambio, sólo recibían el derecho de usar los campos de Finca Santiago para pastorear el ganado con el cual sobrevivían. En 1.946, un grupo de kolla marchó hasta Buenos Aires para reclamar por sus tierras, se los denominó el “Malón de la Paz”, y fueron recibidos por el presidente Juan Domingo Perón.
La primera ley de expropiación de Finca Santiago se aprobó por iniciativa de un diputado kolla, pero no pudo hacerse efectiva y por lo tanto quedó anulada a los dos años. Tiempo más tarde, la finca fue vendida a una empresa que se dedica a extraer madera, ya que una parte importante de la propiedad eran selvas de montaña (yungas). Como antes, los kolla debían hachar los árboles por una paga miserable, para no ser desalojados de esas tierras. Dice Festo: “Su plan era trasladarnos con nuestro ganado a la zona de puna para que nos muriésemos junto con nuestros animales por falta de agua y pasto. No cedimos. Luchamos muchos años.” Y de este modo, mientras la tala sin control devastaba el bosque, los kolla buscaban la manera de recuperar sus tierras o parar ese despojo, pronunciaba Festo mientras miraba con un dejo de nostalgia el suelo, su suelo.
En agosto de 1.996 las comunidades kolla decidieron cortar la ruta. Trescientas personas se tomaron de las manos y cantaron el himno nacional, mientras el juez de la zona mandaba a 40 policías armados. Luego, el “ejército” de camiones, topadoras, tractores y camionetas avanzó y los policías apalearon a la gente, incluyendo a niños, mujeres embarazadas, inválidos y ancianos. Pero los troncos no salieron. En marzo de 1.997, una caravana de kolla llegó a la Casa de Gobierno en Buenos Aires y recibieron finalmente la posesión legal de las tierras de Finca Santiago.
Dice Festo Chauque que la lucha del pueblo Kolla es una lucha sufrida no solo por la tierra sino también por lo social, lo cultural y agrega. “Esta vez nuestra madre Tierra estuvo de nuestro lado. Hasta el fin de los tiempos defenderemos el bosque natural, la fauna, el aire, el agua cristalina, la vida natural. El ecosistema está a salvo para la salud de los pueblos del mundo entero. Por eso pedimos que nos ayuden a protegerla, es nuestra vida.”   



  








Comentarios

  1. Si bien la Tierra no es del Hombre.
    Sino!
    El Hombre es de la Tierra.
    Un concepto que lleva implícito un Compromiso de Identidad Cultural y de Pertenencia Natural.
    Para la Protección, la Conservación y la Preservación de los cuatro reinos en la Tierra y Territorios de nuestros hermanos kollas.
    La lucha por la defensa y recuperación de las tierras en manos de terratenientes, ha culminado en lo jurídico, legal, administrativo y técnico.
    Pero no así en lo gubernamental, político, religioso, étnico, económico, social y cultural.
    Debido a que en esas Tierras de carácter comunitario y colectivo, aún persisten las creencias individuales en cultos, credos, dogmas y filosofías foráneas a la Cosmovisión del Pueblo kolla.
    Como así también las adhesiones partidarias e ideológicas extranjeras.
    La injerencia del Estado a través de una administración Municipal y Provincial de esas Tierras comunitarias, es una contradicción y una afrenta a la autonomía del Pueblo Kolla.
    Sobretodo a la autodeterminación de sus pobladores.
    Ni que hablar de los servicios e infraestructuras provistos por Empresas Privadas que facturan servicios individuales en la provisión de servicios, distribución y comercialización.
    Lo más preocupante es la explotación de los bosques y la extracción de minerales que contaminan y matan las especies animales y vegetales.
    La prebenda y el negociado de las tierras comunitarias, no están excentas de servir a las instalaciones de antenas satelitales para conexión de emisoras de FM, telefonía móvil y canales de TV por cables domiciliares y particulares.
    La más peligrosa de las contaminaciones es por aire, a través de ondas cortas y de frecuencias de alta intensidad.
    Instalaciones que producen enfermedades cancerígenas, atacando a órganos y tejidos blandos a hombres, niños, mujeres y ancianos.
    La ley de los servicios de telecomunicaciones de la Nación, establece que dichas antenas deben estar a 800 mts. de poblaciones rurales y comunidades campesinas.
    Lo penoso es que los mismos políticos y funcionarios con algunos miembros del Consejo Indígena de Ancianos Kollas entran en connivencia para autorizar a las Empresas a colocar antenas cerca de centros de salud y educación!!
    Un tema de importancia y urgencia a resolver dentro del Municipio, Consejo Deliberante y Consejo de Administración Kolla, con las autoridades legislativas departamentales y provinciales.
    Es todo en cuánto puedo aportar en bien de la Comunidad de Finca Santiago de Isla de Cañas.
    Quedo a disposición para brindarles servicios y asesoramientos desinteresadamente por mi identidad y pertenencia.

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